Kraftwerk: Pop Art, de Simon Witter, Hannes Rossacher (2013)

Les toca el turno al grupo pionero por excelencia de la música electrónica. Fundado a finales de la década de los 60, demuestra que no todo el mundo musical estaba dominado por el “verano del amor”.

Surgidos de las ruinas de la Alemania de la posguerra, se tuvieron que “autoinventar” como Ralf Hütter miembro fundador del grupo confiesa. El ambiente industrial en el cual crecieron marcó sus sonoridades metálicas y que referencian la vida moderna en las ciudades.

Se analiza su vinculación al Krautrock junto a otros grupos de estética dispar como Can. Y su discografía que supuso toda una revolución sonora y una influencia decisiva en artistas como Bowie, la New Wave inglesa o el techno de Detroit.

Resulta muy interesante ver cómo su propuesta no se puede circunscribir a las convenciones de la música rock ni pop. Después de todo estaban construyendo un mundo sonoro diferente a partir de una instrumentación diferente.

Su música, y sobre todo su propuesta de directo, tiene que ver con la performance del arte de la segunda mitad de siglo XX y con las vanguardias pictóricas y visuales. De ahí su cuidada puesta en escena, con sus proyecciones pioneras. Su ausencia de los medios de comunicación incide en una actitud fría alejada de convencionalismos.

El enfoque musical que adoptaron, basado en la repetición y en el minimalismo ha marcado a multitud de artistas sobre todo conceptualmente.

Es un buen documental en el que destacan sus actuaciones en el Tate Modern de Londres y en el Museo de arte moderno de Nueva York, ambientes que por todo lo expuesto anteriormente, se adaptan muy bien a sus propuestas.

El único pero que encuentro, es la omnipresencia durante el relato de Paul Morley, músico y crítico de música, que se empeña en presentar una dualidad entre rock y electrónica, donde esta última se lleva todas las alabanzas para afirmar que es la música que ha triunfado y que “él tenía razón”. Nunca me ha parecido necesario despotricar contra un estilo para defender otro. Y más en este caso, donde simplemente se trata de una propuesta que no va en contra del rock, de hecho, está tan lejana en sus convicciones que no tiene sentido presentarlo como una confrontación.

Estamos ante el ejemplo perfecto de un crítico cizañero que pretende estar por encima de la música de la cual habla que elimina la objetividad que preside el resto del documental.

¡Que cada cual disfrute de la música que más le guste y no emponzoñemos el entorno sin sentido!

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Author: Jorge de la Torre Sanz

Director del Instituto de Música Online. Pianista, Compositor y Director Musical.

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