Jimi Hendrix: hear my train a comin’, de Bob Smeaton (2013)

Documental narrado de forma convencional, es decir, cronológicamente, con abundante material audiovisual y entrevistas a familiares y a compañeros.

De momento, y a la espera de los documentales que salgan en su aniversario, este realizado para la serie American Masters de la PBS, es sin duda el definitivo.

El retrato nos muestra a un artista introspectivo que tan solo se desmelena cuando toca, o como nos traduce una de sus compañeras, “cuando subía a un escenario se mostraba con una total seguridad en lo que hacía; en cuanto bajaba era el ser más inseguro del mundo”. Como a otras figuras del momento, y como pasaría de ahí en adelante en el mundo fast-food de la música popular en general, el éxito le llegó rápido y sin tiempo casi de digerirlo. Eso se llevó por delante a músicos como Janis Joplin o Jim Morrison pero el documental nos permite entender como el caso de Hendrix fue diferente.

El aspecto diferenciador con otros músicos fue que él siempre pensó en términos musicales y ese era el tema que realmente le preocupaba. Siempre iba con la guitarra encima, dispuesto a tocar en cualquier circunstancia, y le encantaba pasar las horas en el estudio perfeccionando tomas hasta un nivel que no compartían sus músicos ni productores -50 repeticiones para un grabar un tema son sin duda demasiadas-. Poco antes de morir se hizo un estudio en su casa en el que sin duda hubiera pasado media vida si una dosis excesiva de barbitúricos no se le hubiera llevado por delante.

La herencia del blues es la base de sus composiciones, de su voz -a menudo infravalorada-, de su querencia por la improvisación y sobre todo, del sonido potente, distorsionado y sumamente expresivo que supo sacar a su guitarra y que supuso una actualización de los sonidos expresivos del blues. Trasladó esa expresión “desafinada” a la guitarra, con el uso de la distorsión, los bendings, los pedales -especialmente el wah-wah, los acoples… Prácticamente nadie tocó la guitarra igual después de su aparición y la transformación a la que sometió el instrumento.

En el imaginario de mucha gente, Hendrix es sinónimo de tocar con la guitarra detrás de la cabeza, de golpear amplis con la guitarra o de incendiar stratocasters. Por eso merece la pena ver este estupendo documental y ser conscientes de la gran trascendencia de los álbumes que grabó en apenas una año y medio y de sus actuaciones en los festivales de Monterey, Woodstock e Isla de Wight, ahora disponibles para todo el mundo.  

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Author: Jorge de la Torre Sanz

Director del Instituto de Música Online. Pianista, Compositor y Director Musical.

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