Disciplina Positiva con Raquel González

Aprender Música, el podcast oficial del Instituto de Música Online. Capítulo 13

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Aquí te dejamos el tema de la semana

– Hola a todos. Hoy os traigo a una invitada de lujo que me hace mucha ilusión tener aquí. Ella es Raquel González y voy a leer exactamente su currículum porque no me quiero dejar nada. Es coach educativa y mentora para el desarrollo del talento; educadora de disciplina positiva y formándose en Neurosicoeducación. Así que Raquel, me voy y te dejo sola aquí (risas)

– Ni de broma (risas)

– La primera pregunta de todas es: ¿qué es la disciplina positiva?

– Yo diría que es una filosofía de vida ya que te cambia la mirada tanto de la educación como de la metodología que empleas. Realmente sería esto último, y está muy relacionada con la crianza respetuosa ya que la base es el respeto mutuo de adulto hacia niño y niño hacia adulto. Contempla las necesidades de ambos y la circunstancia concreta en la que se encuentran. 

Para mí es una filosofía porque una vez que la implantas en tu vida , se hace extensiva a todas tus relaciones y no se queda tan solo en el marco de la familia. 

– Porque lo adaptas a todas las relaciones, ¿no?

– Sí, porque al final es la base de la comunicación asertiva; cómo escuchar tus necesidades, cómo saber exponerlas así como poner límites, que tus hijos aprendan a poner estos límites también.

– Y, ¿cómo lo aplicaríamos en el entorno familiar? ¿cómo lo empezaríamos a llevar a cabo?

– Hay familias que han empezado, ya que el método usado con ellos no les termina de encajar o no les funciona y buscan nuevas herramientas. Siempre se parte de una búsqueda interna. ¿Cómo llegan hasta esta metodología? Pues leyéndo sobre ello. En España pueden encontrar información en la AEDP (Asociación Española de Disciplina Positiva). Hay diversas publicaciones también dependiendo del momento educacional en que se sitúen tus hijos; general, infancia, adolescencia… Las necesidades de ellos, algunas de ellas nuevas, harán que tengas que readaptar muchas de las estrategias que hayas puesto en marcha hasta entonces.

– Y más con el mito que existe de culpar a los adolescentes de todo. Como si se hubieran vuelto locos. 

– Evidentemente es que están cambiando y parecen hijos nuevos como dicen algunas madres y padres. El tema es que no nos acostumbramos a que nuestros hijos crecerán y serán adultos siempre nos termina cogiendo por sorpresa aunque sea algo que sabemos.

El engranaje que hasta entonces funcionaba deja de hacerlo y no se ve el cambio ni se sabe el porqué. 

La Disciplina Positiva se puede aplicar con adultos, se puede llevar al ámbito laboral o en el entorno de la pareja porque ya te digo que al final es la base de las relaciones interpersonales rigiéndose por dos principios básicos; pertenecer al grupo y ser importante para el grupo. Estos dos mandatos nos van a perseguir el resto de nuestra vida. 

– Y como especie.

– Como individuos y como especie. Por eso, una vez asumido, lo puedes aplicar a cualquier ámbito. Es un patrón de conducta repetitivo, y no solo en los niños sino también en los adultos, que parece que hemos alcanzado un nivel máximo madurativo y no es cierto. Hay cosas que son básicas y nos seguirán el resto de nuestra existencia. 

– Yo te quería preguntar sobre el hecho de que seas mentora para el desarrollo del talento. ¿Qué es el talento? ¿Cómo lo describirías tú? Ya que es una palabra que se utiliza a menudo pero con sentido exclusivo. 

– Normalmente lo verás definido como una capacidad natural innata que hace que destaques en algo por encima de la media. Es lo que posibilita sobresalir de los demás. Por lo tanto, va ligado a algo innato, a eso que se te da muy bien sin casi esfuerzo acompañándote desde el nacimiento. Eso sería lo que te viene de fábrica. 

Pero aquí aparece ya el entorno. Como ya sabemos por todas las disciplinas científicas que lo han estudiado como la Neurociencia, el aprendizaje no consiste solo en lo que tengas de fábrica sino todo lo que tu entorno te permita desarrollar y ponga a tu alcance potenciándote.

Por lo tanto el talento podría ser una capacidad que tú tuvieras ya al nacer lo cual no quiere decir que la vayas a desarrollar.

Me gustaría hacer un inciso. El talento no solo consiste en la parte artística; cantar, bailar, tocar, dibujar, escribir…sino que también es una capacidad que a tí te va a permitir relacionarte con tu entorno de manera más sencilla canalizando tu expresión. La oratoria y la comunicación también son un talento, como la empatía o la organización.

– ¿Y dónde está el punto en el cual desarrollas o no el talento?

– Básicamente, habrá dos puntos fundamentales: primero es, que tu entorno te lo permita ya que hay talentos más sencillos y otros más complejos. Ese entorno familiar, de recursos y económico. Si tu talento es tocar el piano no será tan sencillo -si tus recursos no te lo permiten- como la comunicación que es algo que hacemos desde que nacemos, y que sería más fácil en principio de desarrollar que esa faceta artística de tocar un instrumento. 

El otro aspecto a tener en cuenta es la importancia que le den a ese talento. Si esa familia considera determinado talento como algo secundario porque no «dará de comer» o no es importante…

– Estamos rodeados de esto cuando estudiamos música. 

– Hay personas cuyo talento puede ser otro, como la empatía y al final les tachan de demasiado sensible lo que les pondrá una etiqueta negativa pareciendo que tuvieran que esconder ese talento porque no está bien valorado a nivel social. Parece no tener suficiente estatus o categoría.

– Entonces, el esfuerzo lo podríamos plantear tanto si tenemos el entorno en contra…

– Es que el talento es algo innato pero si tú no lo desarrollas porque tu entorno no te lo permite por h o por b, al final no será algo por lo que tú destaques. Ahí es donde viene también el esfuerzo y la automotivación interna. ¿Qué pasa? Que esta motivación a veces se ve truncada porque el entorno no le ve el valor y cedemos porque todos nosotros tenemos la necesidad de ser valorados en el grupo. Así, si no voy a adquirir esa importancia en el grupo a través del talento, pues no le voy a prestar atención porque no me dan nada cambio. 

– Eso me hace pensar en ese entorno que vivimos muchos músicos con los típicos comentarios, que si «de eso no se puede vivir»…pero también lo he visto al revés. Estar en un entorno musical y, o bien te superas o no te ves valorada. Si no cumples musicalmente, o no sabes salvar un bolo, pues no obtienes reconocimiento. 

– Claro. Por eso la automotivación y la capacidad de trabajo es un talento en sí. Hay gente sin perseverancia y así, aunque tenga otra seria de talentos, esa carencia no le permitirá desarrollarse lo suficiente. 

El quid de la cuestión sería ver qué está ocurriendo cuando no hay motivación suficiente para perseverar en algo en lo que podría destacar.

– Yo te querría preguntar cómo orientar los talentos de los hijos. ¿Cómo detectarlos? 

– Primero de todo: ESCUCHAR. Y dejar de escucharnos a nosotros en primer lugar. Además es muy subjetivo porque nosotros intentaremos encauzar de manera consciente o inconsciente. Pondremos valor en lo que nosotros consideremos y puede ir a la contra de lo que verdaderamente podría interesar a ese niño o niña. 

Hemos de separar la expectativa de la realidad. Y este es un trabajo que ha de ser consciente y para ello has de observar. Si tu hijo/a dedica x tiempo a algo mientras se le pasan las horas, ahí hay un talento. Lo que pasa es que igual no lo encajamos como talento porque no se le suele denominar así, o igual consideramos que eso en concreto no le valdrá para nada o será una profesión sin futuro, o porque hay cosas más importantes… Al final son filtros subjetivos. 

Hay que dar un abanico amplio -dentro de lo posible y si tu imaginación llega- de herramientas y posibilidades para que se pueda ir definiendo poco a poco, para ver hacia donde va. Es importante porque ahí no estás imponiendo nada sino observando como escoge siendo por lo tanto mayor su automotivación.

– Te planteo dos casos: el primero, el del niño que vemos que puede tener talento con su instrumento y con la música, y que le dedica muchas horas, y que vemos que está funcionando. ¿Cómo le apoyaríamos?. Y por otro lado, el del niño que parece que le gusta y quiere dedicarle tiempo pero que ves que no llega a lo que pretendería llegar. ¿Cómo ayudarías tú en esos casos?

– Yo creo que cuando los niños y niñas dicen que les gusta una actividad y lo eligen libremente, creo que es importante que lo hagan independientemente del talento.

Que a mí me guste bailar no me hace bailarina, porque aunque lo disfrute a lo mejor no tendré talento. 

El niño al que le gusta y no llega hasta donde querría, habría que tener en cuenta que estamos en un ambiente competitivo donde es difícil estar en el top, ¿no?

– Bueno, depende de lo que quieras hacer. 

– Lo digo por el tema de estar compitiendo y el de niños que pueden ser más perfeccionistas y necesiten trabajar la tolerancia a la frustración. Es decir, no tiene que ver con su talento en sí sino con la emoción que le provoca el deseo de conseguir el mismo resultado con menos esfuerzo.

– Sobre todo a partir de cierto nivel de estudio.

– Claro. O niños que lo han conseguido con cierta soltura pero llega un momento en que la cosa se va complicando y le tienen que dedicar más. Ahí hay un período de transición y adaptación difícil en el que han de autoaceptarse y gestionar la frustración. 

Otro aspecto que quería comentar es el de los talentos molestos. Son aquellos que tienes pero no te gustan. Son aquellos aspectos que todo el mundo valora en tí pero de los que esperan más, o aquellos en los cuales destacas tanto que siempre te buscan a tí para resolver determinadas cosas por tu capacidad. 

Son los típicos comentarios de «¡con las notas que tú podrías sacar!». Claro son cosas que aunque se nos den bien no nos motivan. 

Vemos muchas veces la punta del iceberg pero, ¿qué más hay? ¿un nivel de exigencia demasiado alto? ¿se está acostumbrando a un nuevo esfuerzo que no necesitaba antes? ¿es una transición? ¿es un talento que tiene, que no le motiva, pero ante el cual se siente presionado?

O a veces nos gusta algo aunque no tengamos talento. A mí por ejemplo me gusta cantar. De hecho me gustaría que me escucharas, Maria Rosa, aunque verías que talento no tengo. 

– Pero seguro que tienes arte. O duende. (risas)

– Eso es posible (risas)

– Para terminar me gustaría plantearte un mensaje de Toni que surgió dentro del grupo de familias del Instituto de Música Online, el grupo de Facebook. Comentaba que le resultaba difícil que su criatura de 3 años aceptara que una persona de más nivel le pida aprender. Intento convertir sus errores en oportunidades -añade su padre- para avanzar sin que se de cuenta de quien dirige. Y me gustaría que lo comentases. 

– Esto es muy aventurado, pero suena a altas capacidades. Seguramente le gustaría hacerlo con más facilidad. De todas maneras, con esa edad la frustración es importante y se ha de acompañar mucho a los hijos. Mi hijo de 7 años es muy perfeccionista y no entiende por qué no le sale a la primera. A él le gustaría que todo fuera más sencillo, pero hay que acompañarlo porque a veces se trata de maneras de ser. Yo intentaré que no sea así, dentro de lo que cabe porque es su carácter.

Yo creo que dentro de este caso, el padre lo está haciendo bien, dando pistas al niño y ayudándolo, y lo único que le pediría al padre es paciencia porque el niño no la tiene así que nosotros tenemos que añadirla en el entorno. 

Hay que ir a las emociones que es el único lenguaje que el niño entiende proponiéndole diversas opciones dirigiendo desde la sombra. 

Paciencia y enfocarse en las fortalezas. Y cuando lo haya conseguido hay que hacerle ver los pasos, pero de forma muy concisa para que internalice el proceso. 

– Pensaba ahora en la educación viva o alternativa de la que se habla muchas veces, en la que se propone minimizar el número de elogios a los niños, o incluso eliminarlos de nuestro lenguaje. ¿Tú qué piensas?

– Yo creo que eso es una mala interpretación de lo que persigue ese mensaje. Me explico.

Lo que yo creo que se debe quitar no es el elogio sino la alabanza. Alentar sí, alabar no. Este último debe aparecer. El problema de la alabanza, sin darnos cuenta, es que en realidad se trata de nuestra satisfacción. Por ejemplo, ¡qué bien lo has hecho, me encanta!
Muchas veces es como si nosotros validáramos cómo lo han hecho, la manera en la que lo han conseguido y es un mensaje trampa. Hay que validar el logro, el esfuerzo, la creatividad, de manera que ellos son los protagonistas. No debemos valorarlo desde nuestra perspectiva y expectativas. Podemos crear dependencia en ellos.

– Raquel, ¡muchas gracias!

– A vosotros por haberme invitado y un saludo a todas las familias.

– ¡A tí!

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Muchísimas gracias por acompañarme, escucharme y proponerme temas, por vuestras valoraciones de 5 estrellas y vuestros comentarios, por enviarnos vuestras músicas y vuestras preguntas.

Mil gracias por estar aquí conmigo cada lunes a las 10h.

¡Que tengáis una feliz y musical semana!

Author: Maria Rosa

Músico y Técnico Especialista en Educación Infantil. Cantante, pianista, actriz, locutora. Directora Pedagógica del Instituto de Música Online.

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