Sobre las pioneras

¿Sabías que…

… en los inicios del blues, el jazz y los géneros que bebieron luego de ellos (sobre todo el rock’n’roll y más tarde el soul o el pop), tenemos a pioneros como Robert Johnson, Lead Belly, Blind Willie Johnson, Jerry Roll Morton, Louis Armstrong o Duke Ellington… pero ¿dónde están las mujeres?

También hubo pioneras que tocaban el piano blues que sacaba humo, como Cora “Lovie” Austin, pionerísima de Chicago que, además de ser músico de sesión, dirigió su propia banda, The Blues Serenaders; cantaba, componía y hacía arreglos en los años 20 del pasado siglo, la era clásica del blues, y además estudiaba teoría musical en la universidad (… en Tennessee). Estamos hablando de las primeras décadas del siglo XX en Estados Unidos, es decir, jefa nivel God.

Sister Rosetta Tharpe fue pionera de la guitarra eléctrica y su carrera le valió apelativos como «madrina del rock and roll» o la «soul sister originaria». Tharpe fue la primera gran estrella del góspel, crucial en la evolución de este género y del blues hacia nuevos sonidos que surgieron después. Fue de las primeras artistas de renombre en utilizar distorsión en la guitarra eléctrica (¡!), lo cual para algunos supuso un presagio del auge del blues eléctrico. La técnica de Sister Rosetta influenció a Little Richard, Jerry Lee Lewis o el mismísimo Elvis, y posteriormente fue también importante para guitarristas británicos que bebieron mucho blues, como Jeff Beck, Eric Clapton o Keith Richards.

Memphis Minnie fue, posiblemente, la guitarrista de blues femenina de más éxito, reconocida por otros músicos, la crítica y el público. A diferencia de otras mujeres que tocaban la guitarra blues (cantar, a pesar de todo, era otro cuento), tuvo una larga carrera discográfica. Una anécdota cuenta que ganó al famoso guitarrista y pionero del blues Big Bill Broonzy en una cutting contest,duelos musicales en la que los contrincantes interrumpen la interpretación del otro. Fuera de la escena vodevil, fue una de las blueswomen más prolíficas y con mayor reconocimiento, en vida y póstumamente.

Elizabeth “Libba” Cotten fue otra pionera de la guitarra. Desarrolló una técnica propia, intercambiando las cuerdas en el mástil de aguda a grave, para tocar la melodía con el pulgar y con las líneas de bajo con los demás dedos (es decir, al revés de lo habitual). Esta forma singular se conoce hoy como el «Cotten picking». Compuso su mayor éxito, Freight Train, en la temprana adolescencia, pero se casó muy joven y dejó de tocar durante décadas. Por casualidades de la vida, entró a trabajar a casa de una familia de voraces músicos: los Seeger. ¿Te suena Pete Seeger, el legendario cantautor y activista por los derechos civiles, uno de los primeros y mayores exponentes de la canción protesta? Pues fue en esa casa donde Elizabeth retomó la guitarra, conociendo el éxito y actuando profesionalmente ya de bastante mayor.

Freight Train ha sido versionada por numerosos artistas de ayer y de hoy, de Joan Baez a Devendra Banhart. Aquí, una adaptación alegre de Taj Mahal que podría haber sido una cara B de la sintonía de ese cénit de la televisión que fue Doctor en Alaska:

Y hubo, por supuesto, cantantes que plantaron semillas para cientos, miles de vocalistas futuras, fascinadas por los conocimientos, la expresividad, la personalidad y la doble ración de poderío de estas pioneras. Las «madres» del blues Ma Rainey y Bessie Smith fueron de las primeras mujeres afroamericanas en tener una carrera profesional de éxito cantando y grabando discos, y ejercieron una influencia colosal en cantantes de blues y jazz posteriores. Ellas, podríamos decir, abrieron el camino de un portazo. Hay numerosos documentales y bibliografía sobre sus vidas —¡echa un ojo a las reseñas del blog!—, desde luego muy poco convencionales.

Prove It On, probablemente un ejemplo bastante pionero de «ambigüedad» sexual («It must’ve been women / ‘cause I don’t like no men»):          

El hit del vaudeville-blues Nobody Wants You When You’re Down and Out

Sippie Wallace o Victoria Spivey, además de pioneras cantantes, también componían; mientras que Ida Cox, «reina no coronada del blues», epataba al público con su puesta en escena y su brutal expresividad. Alberta Hunter y Ethel Waters también medraron como cantantes de jazz, la primera colaboró con Lovie Austin y dio giras por Europa a principios del siglo XX.

Décadas antes de que Lou Reed escribiera su himno a la droga, Queen VictoriaSpivey ya le cantaba a su dosis en Dope Head Blues:

No podemos olvidar a una de las vocalistas más importantes del siglo XX, la pionera Mahalia Jackson. Referente máximo del góspel, el éxito de Mahalia desafió la segregación racial, y su estilo y enorme pasión interpretativa (su entrega era total, sobrehumana) han influenciado numerosos artistas del rhythm & blues, el rock’n’roll o el soul, aunque estos géneros profanos no le gustaran un pelo, como Ray Charles, Aretha Franklin o Amy Winehouse.

Gallina de piel: Mahalia Jackson interpretando How I Got Over en la marcha por los derechos civiles en 1963:

Como imaginarás, esto es sólo un apunte, una pequeña selección dentro de un campo amplísimo en el que, cuanto más te adentras, más nombres, más influencias, más pioneras aparecen. Fueran quienes fueran los que escribieron la historia, y gracias a los esfuerzos de muchas personas que llevan décadas desenterrando y dándole nuevo valor a este legado, hoy sabemos más y podemos saber mejor quién, en su totalidad, también fue crucial al construir los cimientos de la música popular.

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Author: Milena

Girona, 1985. Escribo y canto siempre que puedo y me dejan. Apasionada diletante de todo lo que supone hacer cultura, nací en una familia muy dada al aprecio y práctica de la música, por lo que me fue muy fácil aprender y disfrutar de toda clase de estilos y haceres. Me licencié en Historia del Arte y pasé por una fabulosa banda de soul (The Basement, Girona) y un proyecto musico-teatral callejero (Las Hit Parades, Madrid), en los que aprendí muchísimo y cogí una costra estupenda. Actualmente colaboro como corista con la trovadora underground Rosario de la Aurora y soy miembro de un par de coros modernos en Madrid, donde pío con gusto. Colaboro también con artículos sobre temas variopintos en distintas publicaciones y portales, siempre vinculados con la cultura. De mí puedes esperar, entre otros, una cantidad absurda de reseñas sobre documentales musicales (y musicales sin documental), una pasión desaforada por el soul, cierto esnobismo tierno no siempre mal encaminado y todas las tildes diacríticas.

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