Sobre El chicle de Nina Simone

SABÍAS QUÉ…

… un chicle (usado) de la grandiosa Nina Simone da título a un libro de memorias?

Deberíamos hablar más de los gestos de admiración y amistad entre músicos. Demasiado a menudo, nos pueden los episodios culebrónicos de egos grandilocuentes, exceso y estrépito. Pero los verdaderos artistas siempre admiran a otros artistas, sea desde una competencia sana, sea por reconocimiento genuino de su talento y hazañas, sea porque directamente ella es Nina Simone y tú, cómo no, la idolatras.

Si eres fan de The Bad Seeds, conocerás a Warren Ellis, multi-instrumentista australiano y miembro de la banda de Nick Cave desde 1994. En 1999, el festival Meltdown de Londres (que en cada edición pide a un artista o banda consagrada que seleccione a los artistas que participarán) estaba a cargo de Cave, quien entre otros eligió a la Dra. Simone para actuar en el festival. Warren Ellis estaba entre el público, por supuesto, como fan que era. Simone salió al escenario mascando chicle, precursora de una forma de ser punk inalcanzable para casi nadie más: al sentarse, se sacó el chicle de la boca y lo pegó en el Steinway. Al terminar el show, Ellis corrió a por ese objeto sagrado, a por ese Excalibur simoniense, lo envolvió en la toalla que la artista había usado para secarse durante el concierto y lo custodió durante veinte años, como reliquia, como musa creativa, como cauce para recorrer la memoria, la creatividad y las relaciones con el azar, los objetos y las personas.

Ahora, Ellis explica esta y otras peripecias en sus memorias, tituladas El chicle de Nina Simone. En uno de los fragmentos explica: «No había abierto la toalla que contenía el chicle desde 2013. La última persona que lo tocó fue Nina Simone, su saliva y huellas dactilares permanecían incólumes. La idea de que siguiera presente en esa toalla me daba fuerzas. Pensaba que, cada vez que la abriera, parte del espíritu de Nina Simone se desvanecería. Ese pensamiento era, en muchos aspectos, más importante que el propio chicle».

La dedicatoria del libro reza “A nuestros profesores”. Como empezábamos diciendo, deberíamos pensar más en esos gestos de gentileza y fascinación genuina de artistas que, aunque hayan alcanzado fama, gloria y nombre, son capaces de atesorar algo tan desechable, tan pequeño, como un auténtico objeto sagrado y que contiene algo que lo es: una celebración de lo extraordinaria que puede ser la admiración por el espíritu de alguien como Nina Simone y de cómo algo tan simple y casi humorístico puede estar imbuido de espiritualidad, creatividad y amor por la música.

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Author: Milena

Girona, 1985. Escribo sobre música y cultura, traduzco y enseño. Me apasionan el soul y la música negra, el rocanrol, los clásicos y los musicales de serie B, entre otros vicios. Inclinación severa hacia lo pintoresco, la purpurina y el chascarrillo.

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