Sobre… “All By Myself” y un gran compositor ruso

SABÍAS QUE…

…una de las baladas de pop meloso más míticas, más tiernamente horteras, más dadas a los gorgoritos de las divas de los 90 de la historia, tiene cero grados de separación con uno de los mayores compositores y pianistas soviéticos de todos los tiempos?

Así es, apreciada lectoría: es de sobra conocido que la música clásica ha hecho apariciones más o menos estelares en la música popular del siglo XX en adelante. No sólo rock y pop: los jevis y góticos que hay entre el público podrán enumerar muchos ejemplos de samples o versiones de piezas clásicas en sus discos y casetes. Incluso el rap, con su corte y confección de sonidos y pistas, ha dado instancias de incluir música clásica en algunos temas conocidos de finales de lo 90.

A+, Enjoy Yourself.¡Qué pintas! A Beethoven le haría mucha gracia, seguro. 

Pero hoy nos inclinamos por la “power ballad” All By Myself, del compositor y cantante estadounidense Eric Carmen, cuyas contribuciones al acervo musical de los 70 y 80 incluyen éxitos como Never Fall in Love Again (I’ll never fall in love agaaaa-aaa-ain. ¿A que así, sí?) y Hungry Eyes, que se hizo muy popular por acompañar una escena de Dirty Dancing. En este caso, Carmen se inspiró en el segundo movimiento (Adagio sostenuto) de una celebérrima pieza clásica compuesta por un músico soviético que fue una verdadera sensación a principios del siglo XX. Hablamos, nada menos, que de Sergei Rachmáninoff.

La pieza en cuestión es el Concierto para Piano n.º 2 en Do menor, estrenada el otoño de 1901 en Moscú, que fue un éxito rotundo y sigue siendo una de las melodías románticas más conocidas. De hecho, suena a muchas bandas sonoras de escenas llenas de ternura, belleza, pasión o melodrama, y diría que no hay duda de que muchos compositores de cine se han inspirado en ésta y otras melodías de Rachmáninoff (que, por otro lado, era un genio, claro). No en vano, la película de David Lean Breve encuentro (1945) está regada de extractos del Concierto que acompañan el trasiego emocional (y extramarital) de los protagonistas.

Entonces viene Eric Carmen en 1975 y dice: «pues esto está bien bonito», y compone una canción sobre la soledad, la pérdida del amor, el paso inexorable del tiempo y que solos pues es más rollo que acompañados. Habiendo compuesto algunos parches de una nueva power ballad, tras escuchar el Concierto de Rachmáninoff, adaptó el segundo movimiento para crear una melodía llena de anhelo, desdicha y levantamiento de mechero: All By Myself.

En directo, con alta calidad, y un peinado que hizo posible las portadas de los discos de indie de toda la primera década de los 2000: 

El “préstamo” es más que evidente, ¿verdad? Pues no es el único: el propio Carmen aseguró que también se había inspirado en otra melodía para componer All By Myself: el estribillo de Let’s Pretend, un éxito que había tenido con su anterior conjunto, The Raspberries. Júzguenlo ustedes: 

All By Myself vive en el resguardo mental de muchxs millennials del globo gracias a la versión de Céline Dion y su presencia en la película El diario de Bridget Jones, donde la protagonista hacía un karaoke navideño que, para qué negarlo, más de uno y más de dos, quizás con otros temas, quizás con otro pijama, no podrá confirmar ni desmentir que cualquier parecido con la realidad se basa, en efecto, en hechos reales. 

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Author: Milena

Girona, 1985. Escribo sobre música y cultura, traduzco y enseño. Me apasionan el soul y la música negra, el rocanrol, los clásicos y los musicales de serie B, entre otros vicios. Inclinación severa hacia lo pintoresco, la purpurina y el chascarrillo.

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