Sobre Blood, Sweat & Tears

¿Sabías que…

… si hay un grupo que junte rock, soul, funk, latin jazz e incluso toques de música clásica con una sección de vientos que corta el aliento, poniéndolo todo en su sitio y con un sonido apabullante, ese es Blood, Sweat & Tears?

Hoy repasaremos la trayectoria temprana de este supergrupo estadounidense de finales de los sesenta. Sangre, sudor y lágrimas, apreciada lectoría. En este verano tan duro, muy especialmente sudor. Y alguna lágrima.

Blood, Sweat & Tears se hicieron famosos por combinar los códigos y la base del rock con una fuerte e historiada instrumentación de viento-metal, unas estructuras complejas (para lo que era mucha música popular de los últimos sesenta) y unos arreglos muy sofisticados y cercanos al jazz. Mezclaban estilos a placer, a manos de músicos de gran nivel, especialmente los pitos, que son un portento. Sus inquietudes parecían trascender el rocanrol de tomo y lomo para divertirse con géneros que les permitieran dejar volar la imaginación y tocar muchos, pero que muchos palos. 

Al Kooper, compositor, teclista (el órgano que suena al principio de Like A Rolling Stone, de Bob Dylan, lo toca él) y en ocasiones cantante, fundó el grupo junto con otros músicos en 1967 e insistió mucho en ser su vocalista y director musical. Kooper venía de The Blues Project, con el guitarrista y también vocalista Steve Katz, otro de los fundadores de la banda y que años más tarde fue productor de gente importante como mi querido Lou Reed. 

El primer álbum, Child is Father to the Man, salió en febrero de 1968, y combina versiones de Harry Nilsson (Without Her), Carole King (So Much Love) o Randy Newman (Just One Smile”) con temas propios, compuestos principalmente por Kooper, como My Days are Numbered o la maravillosa I Love You More Than You’ll Ever Know:

Las diferencias creativas (y las peleas de ego, dado que Al Kooper no llevó bien que otros miembros quisieran coger a otro cantante y dejarle “solo” las teclas) supusieron la partida de Kooper poco tiempo después. Tras valorar a gente como Stephen Stills o Laura Nyro, casi nada, la garganta profunda y sumamente reconocible del canadiense David Clayton Thomas pasó a ser una de las señas de identidad del grupo.

El segundo disco (homónimo) de Blood Sweat & Tears, que salió en enero del 69, empieza con unas variaciones sobre las primeras dos Gymnopédies de Erik Satie, que devienen en un festival de viento-metal perfectamente disonante y con mucho groove, con arreglos por Dick Halligan, otro de los fundadores del grupo. El disco es algo más accesible que el anterior, con una mayor presencia de versiones. Aunque hubo quien lo criticó por ser un mejunje de géneros sin ton ni son, sinceramente creo que es un paseo muy entretenido, como en el caso de Spinning Wheel (composición del cantante, Thomas) o la genial versión de God Bless the Child, de Billie Holiday. 

Menudas cañerías tiene el David este…  

Hay una versión fantástica y con muy buena calidad, en directo, con Jerry Fisher a la voz, que puedes disfrutar aquí

El tercer álbum, Blood Sweat & Tears 3 (1970), recibió críticas menos entusiastas, especialmente porque tiraron de muchas versiones y no apostaron por crear mucho material nuevo (con excepciones como Lucretia McEvil). Puedes ver la versión en directo de una de esas covers, Hi-De-Ho, de Carole King y Gerry Goffin, en YouTube. Se sea más o menos fan, es incuestionable el portento de ejecución de esta gente. “¡Qué profesional!”, que diría Pazos.

Como supergrupo que era, el elenco, cuyos miembros eran todos músicos cotizados e inquietos, era cambiante y a veces algo inestable. David Clayton-Thomas se fue en 1972 para hacer carrera en solitario (aunque, años más tarde, volvió) y en los años posteriores el elenco cambió casi por completo. La popularidad del grupo también fluctuaba y, aunque su calidad nunca fue cuestionada, con tanto cambio y siguiendo la estela de lo que ya habían demostrado hacer bien, no recuperaron las posiciones de su temporada de esplendor. Con todo, el repertorio ha ido rodando a lo largo de las décadas, con músicos cambiantes, pero casi siempre con David Clayton-Thomas a la cabeza, hasta la actualidad. 

La apuesta de Blood, Sweat & Tears como grupo, muy efervescente y prolífica en sus primeros discos, pareció estancarse poco después de empezar la década de los setenta, y hubo quien tenía la impresión de que tenían más interés en hacer versiones (consideradas) pedantes de canciones conocidas que en avanzar y crear algo nuevo. Con todo, si bien hay que leer las críticas “históricas” con un poco de contexto, también es importante, sobre todo habiendo pasado más de cinco décadas, ser capaces de disfrutar un corpus de obra como lo que es, no como lo que no es. Y los BS&T eran músicos portentosos que mezclaban los estilos y canciones que les gustaban, arreglándolas con mucho salero.

Feliz escucha y ¡pasad por la sombra!

También te puede interesar:

Author: Jorge de la Torre Sanz

Director del Instituto de Música Online. Pianista, Compositor y Director Musical.

Share This Post On

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

diez + cinco =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.