Sobre La Lupe

¿Sabías que…

… el calor se pasa algo mejor con los alaridos sabrosos de La Lupe? 

La Lupe, con su voz inmediatamente reconocible y su factura llena de carácter y energía, tuvo una carrera que, si bien no duró mucho en términos de éxito, por desgracia, dejó huella por su característica garganta y por sus actuaciones aguerridas y memorables. Además de tocar géneros tradicionalmente cubanos, como la salsa, el bolero o la guarancha, Lupe se acercó al merengue o la plena, y también al Latin soul (o boogaloo), género que fue breve, pero intenso, entre los músicos latinos de Nueva York de los años sesenta. 

Guadalupe Victoria Yoli Raymond (nombre para enmarcar) nació cerca de Santiago de Cuba y estudió para ser profesora, igual que Celia Cruz, a quien admiraba mucho. Fue parte de varias formaciones en Cuba, donde se granjeó un club de fans que incluía a gentes del espectáculo, filósofos y autores de renombre, como Marlon Brando, Simone de Beauvoir o Tennessee Williams, entre otros (Almodóvar, por supuesto, es admirador). Su primera aparición en la tele, para un canal de Puerto Rico, fue bastante escandaloso, y se dice que algunos televidentes quedaron noqueados por el frenesí de su interpretación. Si ves vídeos suyos en YouTube, cosa que te recomiendo encarecidamente, es evidente que Lupe parece poseída por una especie de serpiente de ritmo. No para, lo da todo, su pasión es desaforada, su entrega es total.

En directo, cantando una versión en español de My Way («Como acostumbro»):

En 1962, La Lupe se exilió a México y, desde allí, y por intermediación de Celia Cruz, llegó como un terremoto a Nueva York (conocida entonces como La Yiyiyi) e hizo buenas migas con Mongo Santamaría, con quien sacó el disco Mongo Santamaría Introduces… La Lupe! (1963).

Poco después, la carrera de Lupe despegó, con sus actuaciones en el cabaret La Barraca y una trayectoria discográfica muy prolífica, en la que editó 10 discos en cinco años. Su intensidad y entusiasmo a la hora de cantar y de actuar le valió el apelativo de «huracán de talento». Es evidente que se deja la piel en cada grabación y que tenía fuerza y poderío para dar y regalar. Gracias a su colaboración con Tito Puente, fue una de las cantantes latinas más solicitadas del Nueva York de los sesenta, y se la bautizó como Reina del Latin soul. Ya fueran sus discos de salsa y boleros como las fabulosas versiones en clave boogaloo de éxitos conocidos (Twist & Shout, Yesterday, America de West Side Story o su mítica Fever), la Lupe estaba en todas partes. Aquí una favorita personal, Touch Me, de The Doors, de su disco The Queen Does Her Own Thing, donde versiona numerosos hits de la época.

Con el auge de la salsa (y el declive, quizás, de ese sonido tan concreto que mezcla el soul con los sonidos latinos, cuyo brillo fue efímero), la carrera de La Lupe entró en una fase de estancamiento. El fin de su colaboración con Tito Puente y la llegada de Celia Cruz a Nueva York supusieron golpes de gracia para su carrera. Sin embargo, me alegra saber que, a día de hoy, La Lupe es una suerte de diva latina que durante mucho tiempo fue relativamente underground, reivindicada también como icono gay, cuyo ímpetu y personalidad siguen intactas y pueden atraer nuevos oídos a esa siempre refrescante mezcla, tan característicamente sesentera, neoyorquina, descarada y bailonga, que es el soul con tintes latinos, o la música latina con dejes de soul. 

Por último, y a pesar de los sudores, te reto a no bailar con este Fever. Grrrrrrovy, baby, grrrrrrovy!!!

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Author: Milena

Girona, 1985. Escribo sobre música y cultura, traduzco y enseño. Me apasionan el soul y la música negra, el rocanrol, los clásicos y los musicales de serie B, entre otros vicios. Inclinación severa hacia lo pintoresco, la purpurina y el chascarrillo.

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