Ennio: the maestro, de Giuseppe Tornatore (2021)

Documental que sigue la trayectoria de uno de los compositores de bandas sonoras más importantes de la historia: Ennio Morricone, un nombre igualable a los míticos de Bernard Hermann o John Williams.

La realización corre a cargo de Tornatore que colaboró con él en dos películas ya clásicas de la historia del cine: Cinema Paradiso y La leyenda del pianista en el océano. Con ello, el documental gana en ritmo y consigue que la narración llegue con la facilidad de una trama aunque se deslicen en ella multitud de nombres y películas.

Pero también dota al documental de un clímax coincidente con el momento en que se relatan los premios recibidos -los dos oscar- y el agradecimiento general de la familia fílmica así como sus conciertos multitudinarios que remite a los momentos de gran intensidad que tanto gustan al compositor como al director.

Y es que el caso de Morricone es paradójico e inusual, pues su fama y reconocimiento han ido aumentando con la edad vinculándose con momento concretos de su filmografía que han sido eslabones que le han permitido ir ascendiendo, todo de manera gradual.

El guión sigue un eje cronológico tradicional en el que se entremezclan el narrador y las imágenes de archivo con las entrevistas a colaboradores de Morricones así como gente del cine admiradora de su obra. La lista es muy larga: Tornatore, Bertolucci, Tarantino, John Williams, Hans Zimmer, Nicola Piovani…así como realizadores italianos que serán reconocidos por los más cinéfilos.

La sucesión inmensa de películas -casi 500- nos traslada a otro momento de la industria en la que el ritmo de trabajo era bestial, como queda reflejado en su vida familiar casi ausente, así como en su permanente rictus de seriedad del que dan fe sus allegados, que afirman que siempre estaba trabajando, buscando nuevas armonías y melodías para sus numerosos encargos.

Y también trata el otro gran tema de la película: la culpabilidad que siempre sintió -es un católico practicante- por dedicarse a la música de cine en vez de a la música culta de concierto, relacionado con su severo profesor que nunca reconoció el valor de su dedicación. Quizá al final afirma sentirse satisfecho, pero sin duda fue algo que lo atormentó durante gran parte de su vida.

Se trata de un tema interesante y habitual en la biografía de muchos músicos de bandas sonoras de formación clásica desde la época clásica con Newman, Rozsa, Korngold o Hermann hasta llegar a músicos más modernos como Morricone, Rota o Williams, que lidian con esa doble vida al ser muy reconocidos como músicos de bandas sonoras y menospreciados como compositores “serios”.

También se echa de menos enumerar las razones por las cuales es tan importante en el mundo de la música fílmica: uso de sonoridades cotidianas -utensilios, silbidos, gritos…-, improvisación vanguardista, mezcla de registros y estilos, melodiosidad en todas sus líneas, uso personal de cuerdas y vientos y sobre todo la adaptación de su plantilla musical a la película y las necesidades de esta sin imponer su visión.

Es por ello, que se ha de reconocer el gran mérito que tiene ya que sin haberse asociado a ningún director en particular -como en las asociaciones Hitchcock/Hermann o Spielberg/Williams- ha sido capaz de forjarse un estilo propio en sus innumerables colaboraciones.

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Author: Jorge de la Torre Sanz

Director del Instituto de Música Online. Pianista, Compositor y Director Musical.

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