The Return, de Sampa the Great (Ninja Tune, 2019)

DISCO DEL MES. OCTUBRE 2022

What’s up, querida lectoría. Siguiendo el viaje que empezamos esta misma semana con Éthiopiques en un artículo de la sección ¿Sabías qué?, en el que dejamos esa maltrecha Europa que tenemos y emprendemos viaje hacia otros lares, hoy celebramos un debut fiero, pasmoso, épico, de la pequeña, pero enorme, rapera, poetisa, cantante y compositora africana Sampa the Great: The Return (2019).

Sampa Tembo nació en Ndola (Zambia) en 1993. Se crio entre Zambia y Botsuana y se mudó a Australia en 2013, donde vivió casi una década y editó sus primeras grabaciones. Su primer sencillo, The Great Mixtape (2015) era, en palabras de la artista, «una búsqueda de creatividad, risa, propósito y ritmo», tomando sus raíces y crecimiento en África como base de inspiración artística y conciencia política. Su segundo mixtape, titulado Birds and the Bee9, ganó el Australian Music Prize en 2018. 

Siguiendo su exploración de cómo las influencias de su cultura de origen se entrelazan y retroalimentan con sus experiencias de crecimiento y exploración del mundo (un mundo tremenda y sistemáticamente racista), Sampa se sumió en una investigación íntima y personal, de búsqueda de su identidad y de exploración de sí misma. Un proceso que también fue un desafío, dado que supuso su aislamiento de amigos y familiares para investigar en profundidad su bagaje cultural y examinar con enorme detenimiento sus conexiones personales y culturales.

El resultado es el estupendo The Return, una mezcla de hip-hop, soul, jazz y ritmos sudafricanos, sumamente cuidado y repleto de interesantes colaboraciones, como el rapero Krown o el colectivo londinense de jazz Steam Down. La hermosa canción de apertura, Mwana, ofrece una elegante y conmovedora declaración de partida, en la que Sampa canta con dulzura “All the strength I found / Feet are on the ground / They walked this ground again / I walk this ground again”, después de rapear con soltura y actitud los versos “Been searching for what’s inside of me / Physically displaced / And spiritually erased”.

The Return fue publicado en septiembre de 2019 por el sello Ninja Tune, casa londinense especializada en música electrónica que trabaja con proyectos como Cinematic Orchestra o Roots Manuva. El productor principal fue Silentjay, un joven músico australiano de jazz que permite que los riffs de guitarra de influencia africana, los ritmos y coros propios del R&B clásico y los beats de Sampa resuenen en tu cabeza en poderoso equilibrio. Sus composiciones reciben influencias de góspel y música espiritual, neo-soul, jazz y, por supuesto, hip-hop, música electrónica y ritmos e influencias de su tierra natal. En ellas, también deja ver claramente su mirada política hacia su experiencia, recorrido y entorno, a la vez que comparte pinceladas de su trayecto emocional. 

El álbum es ambicioso, con 19 temas en los que desnuda su inquietud sin perder nunca esa seguridad retadora de joven promesa con pleno conocimiento de su talento y potencia. Ciertas críticas dijeron que requería un oído paciente, dado que en ocasiones, es cierto, no te da tregua: hay trances que pueden llevarte a cierto límite, beats repetitivos que, si te pilla en un momento poco receptivo, quizás te hace sentir la tentación de pasar de canción. Sin embargo, es evidente que todo lo que está incluido en este disco es el resultado de una toma de decisiones mesurada, fruto de reflexiones profundas, meditadas, para nada azarosas ni hechas a la ligera. Así pues, lo mejor es dejarse llevar y disfrutar del viaje.

El que para mí es el single más memorable del disco, Final Form, empieza (y se estructura) con el potentísimo sample del tema de The Sylvers Stay Away From Me (mueve un poco el esqueleto aquí) y Spinning Wheel, de mis queridos Blood, Sweat & Tears. El tema es, según una crítica, lo que más se acerca a tener a Janelle Monáe, Beyoncé y Kendrick Lamarr trasteando juntos en un estudio. Sea eso cierto o no, la canción tiene un groove que te deja tumbado. El videoclip, un portento de elegancia, molabilidad, derroche de estilo y combinación finísima de futurismo y tradición, acompaña perfectamente el needle drop del tema, en el que Sampa nos chulea con extrema facilidad versos como “Greatness in me you can’t make me feel less (yeah) / Less hold / I’m not impressed / Best mode / Got my Afro like an empress”. Y bien como una emperatriz, Sampa, a tus pies. 

La combinación de sonidos y de emociones (de la vulnerabilidad emocional a una confianza chulesca en sí misma, de un suave estribillo de soul meloso a unos beats tremebundos y afilados) son una de las principales bazas del álbum. Comprende muchos samples de temas de los 70 (y también los 90), que le dan un aire de funky y casi disco a varios de los temas, pero pasados por un filtro de “rabiosa actualidad” (en cierto modo, como The Avalanches, que juegan con esos tropos viejunos, dándoles un tratamiento que los traslada al sonido de nuestros días como si fueran nuevos). 

Tiene, además, una capacidad muy digna de mención para una artista tan joven (tanto ella como su productor principal): sonar nuevo, pero, a la vez, transmitir la sensación cálida de ser algo que conoces y que ya te gusta. Te mece para atrás con nostalgia y, de repente, te lleva al mañana de un guantazo, además de tener una cualidad adictiva, densa y afectada a ratos, pero que te impide dejarlo. Artistry del grande.

En febrero de 2020, The Return ganó el Australian Music Prize de 2019. Con ello, Sampa the Great se convirtió en la primera artista en los quince años de historia del premio en obtener el galardón en dos ocasiones. Sin duda, Sampa The Great es una artista que vale la pena seguir de cerca. Con este debut, tal como rezaba una crítica australiana, Sampa nos regala un disco que es a la vez enigmático y revelador, un diario de batalla artística y personal que celebra de una forma deslumbrante su patrimonio cultural y musical y que seguro que seguirá siendo relevante pasados los años. 

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Author: Milena

Girona, 1985. Escribo sobre música y cultura, traduzco y enseño. Me apasionan el soul y la música negra, el rocanrol, los clásicos y los musicales de serie B, entre otros vicios. Inclinación severa hacia lo pintoresco, la purpurina y el chascarrillo.

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